Herramientas
Hacer más también puede darme más trabajo
He pasado de pensar que la IA me iba a quitar trabajo a encontrarme con más herramientas que probar, más cosas que revisar, más ideas abiertas y más sistemas que mantener.
He pasado de pensar que la IA me iba a quitar trabajo a encontrarme con más herramientas que probar, más cosas que revisar, más ideas abiertas y más sistemas que mantener.
Parte de eso me gusta. Poder probar algo que antes habría dejado aparcado tiene valor. Pero cada posibilidad nueva también compite por la atención que ya estaba dedicando a otra cosa.
Lo he notado con varias conversaciones abiertas. Vuelvo a ellas y ya no recuerdo qué estaba haciendo en cada una. Para seguir, primero me toca recuperar el hilo.
El trabajo que añade cada idea
Una función nueva parece poca cosa cuando la miras por separado. Hay que elegir cómo encaja, probarla y seguir teniéndola en cuenta después. Varias funciones pequeñas pueden convertir una tarea sencilla en un proyecto que pide atención de forma constante.
Imaginemos que quieres ordenar tus recetas. Es una situación hipotética. Empiezas por encontrarlas y guardarlas. Después aparecen una lista de compra, un menú semanal y sugerencias según lo que tienes en casa.
Todo está relacionado. Precisamente por eso cuesta dejar algo fuera. Sin embargo, podrías terminar revisando un planificador entero cuando solo querías encontrar la receta de una cena.
La facilidad para añadir cosas puede esconder que el objetivo ha cambiado.
Una prueba necesita un final
Me parece útil decidir qué quiero averiguar antes de empezar. En el ejemplo, probar si puedo encontrar una receta guardada sería un final concreto para la primera versión. El menú semanal podría esperar.
Cerrar esa prueba no exige decidir el futuro de toda la herramienta. Permite decir qué he aprendido y si merece seguir. Quizá sirve tal como está. Quizá necesita un cambio. Quizá la idea no me interesa tanto después de verla.
Para algo que dejo aparcado, querría conservar una nota breve con el resultado y el motivo para retomarlo. Si no hay ningún motivo claro, prefiero reconocerlo a dejarlo abierto por inercia.
Tampoco llamaría terminado a lo que solo he dejado de mirar. Saber que está en pausa evita confundirlo con algo listo para usar.
Seguir por curiosidad también vale
No quiero convertir esto en la obligación de aprovechar cada rato al máximo. He disfrutado trasteando con algo por interés y después me ha servido cuando he necesitado usarlo de verdad.
Una prueba puede valer por lo que aprendo o por lo bien que me lo paso. El límite que me interesa está en lo que arrastra después. Puedo explorar una idea sin convertirla en otra herramienta que tenga que sostener.
Quiero poder cerrar una tarde de pruebas aunque queden posibilidades por explorar. Y elegir cuáles merecen volver a abrirse.